Ya han publicado por ahí las fotos desastrosas que pude tomar con el móvil en el concierto, así que no las vamos a publicar aquí porque tampoco son gran cosa.
Salimos a media tarde hacia Granada la cúpula directiva al completo de Magenta Comunicación & friends. Llegamos con dos cosas en la cabeza:
a. ver a los prodigy
b. comer tapaaaaaas!
Como teníamos tiempo empezamos por el punto b. Tras alimentarnos con unas suculentas tapas en un garito llamado ECU nos pusimos en marcha hacia la nave industrial del concierto. El hacerlo a pie fue más que nada para no empezar a pegar botes en frío, que uno se puede lesionar. A medida que nos aproximábamos había más y más jinchos en coches tuneados con el Fat of the Land sonando para toda la provincia. Una vez dentro del recinto, previo cacheo exhaustivo ya sí hubo público más “normal”, popis modernos, punkis modernos y jarcoretas modernos. También había algún moderno moderno, pero eran los menos. Los teloneros nos llamaron la atención en un primer momento, pero enseguida nos aburrimos como ostras.
Por fin salieron los británicos a escena, empezaron con Wake Up Call y la nave se vino abajo mientras todos nos íbamos arriba. Empezaron fuerte y mantuvieron el ritmo y la energía como auténticos ingenieros de fiestas que son. Muy pronto lanzaron la primera bomba dispuesta a desintegrar la pista: Breathe. La gente se salía de sí para bailar a un metro por encima del suelo. La noche también sus altibajos, así me encontré con la pequeña decepción de Hotride, canción que me encanta en disco pero que en directo, sin la Lewis, no es lo mismo. Así pues, Prodigy brilló más que nunca que sus temas de siempre siendo los nuevos algo más tibios. Hacia el final del concierto descargaron Mindfields y se volvió a liar. Como dijo una vez Lucía Etxebarría (más o menos): aquello era una sola música, un solo ritmo, un solo baile, una sola droga hermanando a los fieles. Por si todo esto fuera poco tenían preparado un final apoteósico enlazando Firestarter, Poison y Smack My Bitch Up.
Eran las once y media cuando todo acabó y había mucho moderno con la mandíbula desencajada preguntándose qué hacer entonces. Afortunadamente para ellos, en Granada hay clubes con gente que piensa y organizaron múltiples fiestas para continuar la noche hasta las mil. Nosotros cogimos carretera y manta rumbo a Málaga con la agradable sensación de haber visto a una de las bandas que han hecho historia tras firmar uno de los diez mejores discos de los 90, Fat of the land, claro.