Mapas por callejeros
Ya no me hago con tu ciudad
y tú con la mía.
La mía se hace con los dos
y ya no es mía
sino del periódico
en esta mesa
y este café.
Ya no me hago con tu ciudad
y tú con la mía.
La mía se hace con los dos
y ya no es mía
sino del periódico
en esta mesa
y este café.
Musikboy.net se vende. Sólo es necesario escribir cualquier cosa de vez en cuando, como por ejemplo:
You love it
You hate it
You want to recreate it
Now, this is here
This is me
This is what I wanted you to see
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La ducha
Nos gusta ducharnos después
(a mí me gusta el agua más caliente que a ella)
y su rostro siempre es suave y tranquilo
y ella me lava primero
me extiende el jabón por los huevos
los levanta
los aprieta,
luego me lava la polla:
“¡oye, esto sigue duro!”
luego me lava el vello de ahí abajo,
la tripa, la espalda, el cuello, las piernas,
yo sonrío, sonrío, sonrío,
y después la lavo yo a ella…
primero el coño,
me pongo detrás, mi polla en sus nalgas
suavemente enjabono los pelos del coño,
lavo ahí con un movimiento suave
tal vez me detenga más de lo necesario,
luego las piernas por detrás, el culo,
la espalda, el cuello, la hago girar, la beso,
enjabono los pechos, luego la tripa, el cuello,
las piernas por delante, los tobillos, los pies,
y luego el coño, una vez más, para que me dé suerte…
otro beso, y ella sale primero,
se seca, a veces canta mientras yo sigo allí
pongo el agua más caliente
disfrutando los buenos momentos del milagro amoroso
luego salgo…
normalmente es por la tarde y todo está tranquilo
ý mientras nos vestimos hablamos sobre qué otra cosa
podríamos hacer,
pero el estar juntos lo resuelve casi todo,
en realidad, lo resuelve todo
porque mientras esas cosas están resueltas
en la historia de un hombre y
una mujer, es diferente para cada uno
mejor y peor para cada uno…
para mí, es tan espléndido como para recordarlo
después de la marcha de los ejércitos
y de los caballos que pasan por las calles fuera
depués de los recuerdos del dolor y el fracaso
y la desdicha:
Linda, tú me has traído esto
cuando te lo lleves
hazlo lenta y suavemente
hazlo como si estuviera muriéndome en sueños
en lugar de en vida,
amén.
Charles Bukowski, en Peleando a la contra (supono), Anagrama
En los servicios de la Torre de Babel rompo espejos a mordiscos y leo detrás de la puerta:
No hay horizontes para mi camisa.
Los kilómetros me susurran tu nombre
y me acercan tus manos
hasta esta herida
que me sacia y me mata de sed.
No hay horizontes para mis ojos.
Te busco, te sigo y te persigo
y cada once días
me río en tu piel
desde dentro hacia afuera.
No hay horizontes en este mapa.
Las aceras tiemblan
y las sillas de esta terraza
lloran tu cita desatendida
cualquier sábado de madrugada.
No hay horizontes en mi botella.
Tropiezas y a punto de caer
te traigo hasta mí
para bebernos por primera vez
mil veces y con sangre.
No hay horizontes para esta canción.
Vino de tus labios,
vino de tus manos,
vino por mi cuello
y vino para arrancarme hojas del calendario.
No hay horizontes
y mi sudor lo empapa todo,
mi camisa, mis ojos,
este mapa, mi botella,
esta canción,
apaga la radio, amor.
F. Tomasz, Nada para hoy, Anagrama, 2003.
Detrás de la máquina del agua he encontrado una página empapada:
Se va abriendo un camino que nos anda
y dice lo que dices y dice lo que digo.
Jesús Aguado, Lo que dices de mí, Pre-Textos, Valencia, 2002