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Pasillos y habitaciones

Esta noche he soñado que mi casa era internet. Al abrir la puerta de mi habitación he visto a miles de personas en el pasillo. Había gente de todas las nacionalidades. El pasillo era gigante. Todos hablaban a la vez, cada uno en su idioma. Muchos iban corriendo de un lado a otro, entrando y saliendo de infinitas habitaciones a ambos lados del pasillo. Perplejo he avanzado hasta donde horas antes había estado viendo la tele. Ahora el salón había multiplicado su tamaño por mil. En el momento en que entré en la sala se estaban celebrando doscientos treinta y cuatro conciertos simultáneamente. No sabía si irme hacia la terraza en donde estaban tocando Los Smashing Pumpkins el mismo repertorio de su último concierto de Chicago o hacia la entrada para ver cómo alguien de seguridad reducía de un golpe a Kurt Cobain. Un joven se me acercó con un libro grueso de tapas duras en el que se podía leer en el lomo “Programa de Conciertos”. Abrumado por tanta saturación doy la vuelta queriendo volver a mi habitación. El pasillo crece por instantes y cada vez hay más gente y el ruido es ensordecedor. Corro más y más rápido pero no llego nunca a mi cuarto. Me doy cuenta de que los que van de una habitación a otra llevan y traen cajas. Van vacías y vuelven llenas. Me empujan, me tiran y nunca se detienen. Ante la imposibilidad de llegar a mi cama decido entrar en la habitación que siempre conocí como Salita. Temiendo encontrar allí un caos de similares características al resto de la casa, me sorprendo al ver cómo la habitación está vacía. Cierro rápidamente la puerta y el silencio que inunda la estancia me hace respirar aliviado y me tranquiliza. Es entonces cuando me doy cuenta de que no estoy solo. Sobre la cama de invitados hay una chica sentada. Me acerco en silencio. Está triste. A su lado, un portatil abierto hacia mí. Me inclino para ver la pantalla. No tiene contactos en el messenger.

(octubre, 2003)

disarm you with a smile
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